Hombre Ecológico en Algeciras

Antonio Gallardo de la tienda ecológica La Almáciga es tan defensor de la agricultura ecológica como puedas encontrar en cualquier otro lugar y pasarse por su tienda tipo cooperativa en el calle Seneca de Algeciras es una experiencia agradable, iluminadora e inspiradora. No sólo te irás con algo excelente para comer sino que también estarás listo para aportar tu granito a la causa ecológica.
 
La familia de Antonio trabajó la tierra en esta zona que ahora es de rascacielos, autopistas y expansión urbana en los alrededores de Algeciras. Sin embargo lejos de empujarle más hacia el campo, se ha dedicado a devolver la misma comida sana y estilo de vida que disfrutó de niño a la población de su pueblo natal. Antonio está acostumbrado a los escándalos que abundan en  los agro-negocios modernos, y su conversación está salpicada de información que te pone los pelos de punta sin cesar. Por ejemplo cuando la cosecha se rocía con pesticida un escaso 5% llega al  destino previsto en las plantas mismas, dejando el 95% flotando en el aire y contaminando el entorno inmediato así como a los trabajadores agrícolas y a cualquiera de la zona. Mucha de nuestra comida no sólo viaja miles de innecesarios kilómetros antes de llegar cerca de nuestras mesas, sino que también la rocían frecuentemente con un cóctel químico tóxico para que parezca que acaban de cogerla cuando en realidad dejó la tierra donde la cultivaron varios días o incluso semanas antes.
Con la energía de alguien que siente pasión por su trabajo, Antonio hace todo lo que puede para cambiar esto. Para él, la palabra más importante es ‘respeto’. Necesitamos volver a aprender el respeto que era natural en nuestra sociedad cuando vivíamos mucho más cercanos a los ciclos de la tierra y la ganancia que nos daba. El alto consumo de química tóxica en la comida es la causa raíz de muchos de los problemas de la sociedad y sintomático de la relación ‘irrespetuosa’ que tenemos con  la tierra. Hace más de 11 años que Antonio usa el escaparate para reeducar al público a volver a comer productos locales y de temporada. Junto con otros  productores de la Sierra de Cádiz, está creando una red de distribución para vender productos que cumplan este criterio. Incluso el negocio ecológico internacional se está desconectando de este precepto esencial y simple. Es demasiado fácil comprar papas israelitas o mangos brasileños ecológicos que contribuyen a la destrucción causada por el negocio debido a su enorme ‘huella’ de distribución a pesar de su certificación. Cuando el producto se cultiva cerca, usando una variedad de planta desarrollada en esa zona desde antaño para producir la mejor cosecha con el clima local y cuando la distribución es local para causar el mínimo daño ecológico en términos de combustible y almacenamiento, entonces el ‘respeto’ vuelve al ciclo de producción de la comida. Bajo estas circunstancias ‘somos lo que comemos’ se convierte en una declaración realmente positiva.

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