Calidad de Vida: El yonqui de la adrenalina que se estresó

A veces el estrés se acerca a hurtadillas y de repente nos encontramos atrapados en un torbellino de adrenalina. En este número los detectives de la salud examinan el problema de no saber cuando o como desconectarse y relajarse como es debido.
 
Un cliente vino a la clínica hace poco con un grave eccema en la cara, pelo, pecho y piernas. El eccema había empezado hacía 1½ años después de una operación rutinaria del apéndice, y aunque el procedimiento había ido bien, al día siguiente le salió un sarpullido en la cara y pecho. Tardó 3 semanas en salir de la cama sin ayuda. Le dolía todo el cuerpo y estaba mareado. Después perdió toda su energía, se sentía morir y todo lo que podía hacer era quedarse en cama hasta que le pasaba, a veces una semana más tarde. La enfermedad de la piel empeoró y empezó a sufrir de sinusitis y palpitaciones frecuentes. El eccema se extendió a su pecho y piernas y su colón se hinchó causándole diarrea. Estaba en bastante mal estado y había buscado ayuda con muchos terapeutas médicos y complementarios. A pesar de probar diversas cremas, hormonas, antibióticos, vitaminas y minerales, regímenes dietéticos, hierbas y tratamientos homeopáticos, no estaba mejorando, aunque admitió que le había ayudado dejar el alcohol, la leche, los dulces, los refrescos, el cerdo y el vacuno. Durante este tiempo le dijeron que sus análisis de sangre eran ‘normales’ por lo que los médicos no le encontraban nada anormal.
 
Los mensajes del Análisis de Sangre Viva
El análisis de sangre viva encontró toxinas en su sangre: glóbulos rojos que estaban demasiado apelotonados, lo que indica que sus tejidos estaban ácidos, y células deformadas con membranas débiles. Un análisis del equilibrio alcalino/ácido mostró que su cuerpo estaba ácido, mientras que la prueba de laboratorio mostró que tenía pocos glóbulos rojos, minerales y hierro. Las pruebas de iridología y meridianos mostraron estrés continuado y problemas digestivos.
 
El Yonqui de la Adrenalina
En el perfil personal de salud repasamos su estilo de vida y hábitos y encontramos que había estado viviendo la vida a tope, dándole a todo un 100% de energía. Aunque le había ido bien en los negocios y había vendido su empresa de joven lo que le dio la oportunidad de disfrutar de la vida y tener más tiempo con su familia, todavía vivía ‘a toda marcha’ hasta que la operación le frenó. Su estilo de vida siempre era excesivo, forzándose diariamente y necesitando su dosis de adrenalina.
 
Niveles de estrés
Todos estamos expuestos al estrés en la vida diaria y necesitamos algo de estrés para funcionar y poder coger el autobús o el tren a tiempo o ir hacia nuevas e inexploradas aventuras. El primer paso del estrés es la fase de alarma y la adrenalina aumenta las pulsaciones, la tensión y la respiración para prepararnos a ponernos en acción: ‘lucha o huye’. Si el estrés termina ahí el cuerpo repara el daño pero si el estrés continúa el cuerpo queda exhausto y agotamos el cuerpo de la otra hormona del estrés: la cortisona. Esa es la fase del agotamiento. Si, a pesar de todas las señales de peligro, continuas viviendo de manera estresante terminas funcionando con endorfinas. Es como un corredor de maratón que puede continuar corriendo aún cuando se ha ‘dado contra la pared’. Mucha gente se vuelve adicta a ese chute de adrenalina y endorfina y se agotan buscándolo. El cliente era con seguridad una de esas personas. Cuando el cuerpo lucha está en el modo de la supervivencia, sin tiempo para fortalecerse ni eliminar toxinas. El cliente ¡no creía estar estresado! Tenía mucho tiempo al haber vendido su negocio pero su cuerpo y los análisis mostraban lo opuesto. Un test de estrés hormonal mostró que su nivel de cortisona era muy bajo, se había quemado.
 
Como que tenía un estómago y sistema digestivo muy sensible le dimos un plan de comida alcalina que era fácil de asimilar. Con las nuevas recetas que le dimos se puso manos a la obra. En este caso su tendencia a yonqui de la adrenalina era algo bueno y se aplicó al 100% desde el principio. El truco era hacerle cambiar su estilo de vida durante el proceso, de lo contrario se iba a meter en problemas de nuevo como lo hacía cuando recibía su “chute de adrenalina”. En las primeras semanas se forzaba a ir a la clínica dos veces por semana para recibir acupuntura, masaje, biocalor, reflexología y antioxidantes junto con tratamientos intravenosos de minerales, aminoácidos, grasas y agentes estimulantes de la inmunidad. Podía ver y sentir los resultados muy rápidamente y según se ajustaba su equilibrio ácido/alcalino, sintió que recobraba la energía. Con más energía quería, como es natural, hacer todo lo que no podía antes y pronto volvió a la vida rápida a la que estaba acostumbrado. Eso no funcionó y tuvo una recaída y se vio forzado a tomarse las cosas paso a paso durante su periodo de rehabilitación.
 
El mayor reto fue conseguir que se relajara y ‘recargara sus baterías’. O iba a toda cebolla o caía exhausto, no tenía un estado intermedio. Después de ajustar su bioquímica empezamos a enseñarle el arte de equilibrar los estados activo y pasivo. Aprendió a entrar en relajantes estados profundos y sanadores y a estar activo cuando era necesario, en vez de automáticamente salir corriendo a hacer algo de lo que arrepentirse después. Ese fue su mayor reto, el reprogramar su mente y hábitos. Antes perdía la cabeza y se ponía furioso si alguien no conducía bien por la calle, ahora se preguntaba si la situación se merecía recibir su adrenalina. O si no sería mejor guardarla para otros propósitos. ¿Para una buena vida sexual con su esposa? ¿O para hacer algo divertido con los niños? El tener buena salud y buenas reservas alcalinas es importante para poder ser ‘atrevido’ a veces. La idea es crear un estado sano tanto física como mentalmente y luego tener reservas para pasarse de cuando en cuando, incluso un viaje por las montañas rusas de la adrenalina, como diversión, y luego poder recuperarse de nuevo.
 
Este artículo está inspirado en el conocimiento, trabajo y libros sobre nutrición y estilo de vida de mi colega de tantos años Inger Marie Haut.

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