Cuba impulsa una nueva agricultura ecológica en los suburbios

Cuba está impulsando un nuevo modelo de agricultura sostenible en la periferia de las ciudades, con el fin de aumentar la producción de alimentos y reducir las millonarias importaciones necesarias para abastecer a la población.
 
El presidente Raúl Castro anunció el 1 de agosto pasado la puesta en marcha del proyecto, denominado “agricultura suburbana” y que ya funciona en 17 municipios piloto de todo el país.
 
Según sus encargados, se prevé que antes de fines de año el número de localidades participantes se multiplique por diez y que, en el futuro, se convierta en la forma de cultivo mayoritaria.
 
El jefe del Grupo Nacional de Agricultura Suburbana, Adolfo Rodríguez, explica que se trata de una agricultura ecológica y diversificada en la que el consumo de combustible se reduce al máximo, por el empleo de la tracción animal en la labranza y la proximidad de los cultivos a los núcleos de población.
 
Con el fin de incentivar la producción en un país en el que se ha llegado a importar el 80 por ciento de los alimentos consumidos, el agricultor cobra en base a lo que produce, y se favorece la libre configuración de precios por oferta y demanda, excepto para una serie de cultivos básicos definidos por cada gobierno provincial.
 
“Hay que estimular al productor, porque la agricultura es muy dura. Hay que sudar bajo el sol, enfangarse”, afirma Rodríguez durante una visita al suburbio de El Cotorro en La Habana, uno de los municipios precursores de la agricultura suburbana.
 
El funcionario del Ministerio de Agricultura y diputado ya puso en marcha en los años 90 la llamada “agricultura urbana”. En medio de las penurias económicas tras el colapso de la Unión Soviética, el entonces presidente Fidel Castro decidió que se cultivara en los patios de las casas y en parcelas libres dentro de las ciudades.
 
Esa agricultura, en la que según cifras oficiales 300.000 personas producen hoy más de un millón de toneladas por año, se verá complementada ahora por la suburbana, en un radio de cinco kilómetros alrededor de los municipios o un máximo de diez en capitales de provincia. Según Rodríguez, 600.000 hectáreas están disponibles para la nueva modalidad agrícola en todo el país.
 
La base de la agricultura suburbana son pequeñas fincas asociadas a cooperativas o empresas estatales. A cada “finquero” se le adjudica una superficie variable para que la cultive junto con su familia. La empresa, una por municipio, le concede un crédito para comenzar a trabajar y se compromete a comprarle toda su producción, en puntos de recogida a pocos cientos de metros de su finca.
 
Juan Reyes es uno de estos finqueros de El Cotorro. Hace seis meses recibió tres hectáreas de terreno para trabajarlas junto con su esposa y su hijo, y parece aprovechar al máximo cualquier palmo de terreno: Entre los plátanos crecen pimientos, mientras que el maíz actúa de barrera natural para proteger unos tomates.
 
“Es una tierra estatal, pero la sentimos como nuestra. Realmente, nuestro objetivo es llevarle comida al pueblo. En cada tramo de tierra, donde quepa una mata, la ponemos”, afirma Reyes, quien vive en una casa junto a sus cultivos y cría también gallinas y conejos.
 
“Los ingresos varían con el esfuerzo del finquero, con la idea que él desarrolla en su finca, con la familia, porque se le exige que trabaje con su familia”, dice por su parte David Savigne, jefe de una empresa de la que dependen 21 fincas, entre ellas la de Reyes.
 
Su empresa suministra instrumentos de labranza y semillas, y lleva a cabo controles fitosanitarios, además de confeccionar junto con el agricultor el plan de producción. Una de las metas es planificar bien los cultivos, para que no haya tampoco excedentes que se echen a perder, como ha ocurrido en más de una ocasión.
 
En el caso de Reyes, los primeros frutos no han tardado en llegar: en el primer medio año ha reembolsado el crédito inicial y obtenido un superávit de 7.000 pesos cubanos (265 dólares). Cuando era un asalariado, dice, cobraba 250 pesos al mes (10 dólares).
 
El salario medio mensual en Cuba es de 415 pesos (16 dólares), a lo que se suman beneficios como educación y sanidad gratuitas y una canasta básica de alimentos a precios subsidiados. Adolfo Rodríguez dice sin embargo que al gobierno socialista no le interesa lo que pueda ganar un usufructurario “siempre y cuando sea trabajando, sudando y honradamente”. “Lo que queremos es producción”, señala.
 
Raúl Castro declaró la producción de alimentos como “un asunto de seguridad nacional” y tiene entre sus objetivos la “sustitución de importaciones”, después de que el país gastara en 2009 más de 1.500 millones de dólares en comprar alimentos en el extranjero, pese a la crisis económica y la falta de liquidez de las arcas estatales.
 
En abril, Castro dijo que continuará la “actualización” del modelo económico de la isla, aunque sin “apresuramiento”, e instó a “eliminar gastos superfluos” y “plantillas infladas”. Según afirmó, el “exceso de plazas” se calcula en más de un millón de personas, de los cinco millones que integran la fuerza laboral.
 
 
heraldodesoria.es
 http://vidasana.org/noticias-vidasana/cuba-impulsa-una-nueva-agricultura-ecologica-en-los-suburbios.html

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