Fibra dietética

La fibra dietética puede ser soluble o insoluble, e idealmente deberíamos tomar las dos en la dieta. Se pueden obtener bastante fácilmente pues se encuentran en toda la comida vegetal, aunque la cantidad oscila.
 
La fibra soluble se procesa y fermenta en el intestino con resultados saludables, como la bajada del colesterol y triglicéridos, y al retrasar la absorción de azúcar en el aparato digestivo, puede estabilizar el azúcar en sangre. Muchos tipos de fibra soluble ayudan con el estreñimiento y la diarrea. La pectina, que contienen las manzanas, fresas y cítricos, así como el salvado de avena, es muy buena para bajar el colesterol y los triglicéridos. 
La fibra insoluble no tiene tantos efectos, pero atrae al agua, lo que causa que se hinche y forme volumen, reduciendo así el estreñimiento y el tiempo del tránsito por los intestinos. Mientras pasa por el cuerpo, absorbe las toxinas de la comida, reduce la producción de toxinas bacterianas en los intestinos y, al “limpiar” el estómago, puede reducir la incidencia de cáncer de colón. Podemos encontrar este tipo de fibra en el apio y la piel de la fruta y la verdura, así como en el salvado de trigo. 
Para adultos la Asociación Dietética americana recomienda de 20 a 30 g de fibra al día, pero en los países industrializados a veces consumimos el 50% de la cantidad recomendada. Una dieta rica en fruta y verdura, con cereales variados, una selección de legumbres y frutos secos, puede aportar la fibra que precisamos, pero si no se puede comer sano siempre, un suplemento de fibra puede ayudar.

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