Cómo comencé con la Comunicación Animal.

Por Laila del Monte

Nací en Estados Unidos y me crié entre París, Francia y la isla de Formentera, en el archipiélago de Baleares.
Mientras estábamos en Formentera, vivíamos con Manuela, una señora isleña dueña de una granja. En la granja había cabras, burros, ovejas, cerdos, conejos y pollos. Estos animales eran utilizados para el trabajo agrícola o comida. No había otro propósito para tener un animal. Incluso el perro y los gatos no eran verdaderamente animales domésticos tenían un deber: proteger y cazar a los ratones.
Cuando era pequeña, yo podía “sentir” los pensamientos y sentimientos de estos animales. Nunca pensé en ello como algo especial o diferente. Era completamente normal para mí. Así era como suponía que era el mundo. Esta “percepción” aparecía en mi conciencia, ya era en forma de imágenes o sensaciones en mi cuerpo, y otras veces como frases enteras. Los animales no me hablan en inglés o español; es mi cerebro que traduce estas sensaciones en frases.

Al asimilar la riqueza de colores y diferentes formas culturales de pensamiento, mi conciencia siempre se extendía a los animales. Podía sentirles incluso cuando me acostaba en la cama por la noche mirando el techo. Yo dormía en la habitación donde se fermentaban las uvas en grandes cuencos para hacer el vino. A través de los sonidos burbujeantes y el olor acre de las uvas fermentadas, podía proyectar mi espíritu a través del patio y conectarme al espíritu de todos los animales de la granja.

Sentía cómo eran en aquel momento, lo que estaban pensando y sintiendo, y si ellos estaban sufriendo. Por desgracia… no podía hacer mucho por su incomodidad, o para cambiar su destino; lo único que podía hacer era entenderles.

En aquellos días nunca pensé en el origen de esta capacidad, ni lo analizaba, para mí era natural. Mi espíritu era capaz de flotar lejos suavemente, hacia los espíritus de los animales, las plantas, e incluso de las personas que me rodeaban. Este continuo de energía que experimentábamos juntos iba más allá del tiempo y del espacio. Era un hermoso intangible, etéreo, una dimensión luminosa impregnada por la comprensión y la conexión.

Me encantaba ir “allá”, se sentía tan fluido, lejos de la densidad de mi cuerpo y el “tiempo de cuando estaba despierta”. Se sentía más “real” que el “tiempo real” y sobre todo más profundo.

A veces recibía una percepción, una comprensión del ser autentico o de la esencia real de un animal. Llegué a llamar a esta percepción la “firma”. Esta percepción de la “firma” se asemeja a una estrella fugaz, de gran belleza, pero no permanente, un breve vistazo de ¡cómo se interconecta toda la vida! Trataba desesperadamente de captar su luminiscencia, pero se me escapaba rápidamente.

Hoy en día, como comunicadora con los animales, se me pide que resuelva situaciones y problemas de comportamiento: gatos que están asustados o haciendo pis en el hogar, perros celosos y agresivos o caballos que se niegan a saltar o se asustan fácilmente.

Los problemas de comportamiento son a menudo las reflexiones de las profundas emociones tácitas de los seres humanos a su alrededor. Mi papel es el de revelar el origen de la situación al penetrar varias capas de emoción bloqueada. Me encanta hacer esto, es como pelar una cebolla para llegar a la esencia.

Laila del Monte.

Oct 18 & 19: Learn how to communicate with animals
http://www.lachispa.net/events/oct-18-19-learn-how-to-communicate-with-animals/

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