¿De verdad morimos?

¿Cuantas vidas tenemos? ¿De verdad morimos? ¡Ya no estamos tan seguros!

El conocimiento de la vida, a través de los ciclos de la muerte y del renacimiento, se puede entender como parte de un proceso de continuación; interpretamos la muerte generalmente como un final. En los últimos 50 años se ha puesto mucho énfasis en el concepto de la reencarnación hasta tal punto que es hoy difícil de rechazar esa nueva premisa, que aparece en los varios medios de difusión actuales: revistas especializadas, libros, cines…La reencarnación es un hecho. Que creamos en ella o no, existe. Y nada puede existir sin fundamentos. Es pues, una cuestión de enfoque, de perspectivas, de polarización entre lo espiritual y la expresión material de ello.

Pero el hecho de creer en la reencarnación, no es suficiente para trascender el miedo que acompaña al hecho mismo de morir. Hace falta algo más, algo tal como una comprensión más profunda sobre el proceso de transición que llamamos la muerte. La expresión de la vida que siempre se vio asociada a nuestra temática de la muerte son, las cualidades transformadoras y regeneradoras de la polaridad del signo zodiacal edénico de Tauro. Que oportuno poder , en eso momentos, beneficiarnos de la ley de los ciclos, y aprovechar no solamente la posición del Sol sino también la del “Dispensador del tiempo”, Saturno, en Escorpión, para llegar a fomentar el entendimiento, y aclararnos sobre el tema de la Gran Transición, superar nuestras limitaciones correspondientes.

La muerte, para aquel o aquella a punto de experimentarla está más bien asociada a la perdida de consciencia que a la retirada de la dimensión más física de la vida. La muerte y sus miedos están proporcionalmente vinculados a nuestra identificación con el aspecto material de la vida. El alivio se realiza ciertamente al comprender la relación entre el ser con sus diferentes formas de manifestación. Para los que viven la experiencia de la muerte a través de un cercano, la transición está simplemente vivida desde una postura egoísta. Piensan y sienten en términos de ellos mismos, no del que ya no está a su alcance. Ellos y ellas han perdido a alguien, mientras ese alguien se encuentra en otro estado de experiencias. Claramente superar la muerte y sus miedos están generalmente ligados a la representación que tiene el tiempo para una gran mayoría . El tiempo incluye inicio y final. Dos factores intercambiables y adyacentes desde la dimensión inclusiva a la tangible. Es posiblemente, facilitando nuestro entendimiento sobre la constitución del ser humano, desde la postura holística, que reduzcamos el vació existencial, que de momento condiciona la realización del proceso iniciatico de la reintegración.

La garantía de nuestros avances en cuestiones de evolución de consciencia y sus ramificaciones, siendo nuestro asunto tratado aquí uno de ellas, está en la realización de lo siguiente: No se puede llegar a pensar lo que no haya sido ideado. Pero lo que es pensable es posible; se verá condicionado por el tiempo.

Dehnaten
http://dehnaten.org/area-terapeutica/great-transition/

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